Artículo publicado en “Blog San Fermín”

Reproducimos a continuación este artículo publicado en noviembre de 2009 en el Blog San Fermín.

Hace ya una buena pila de años, a través de un amigo común, tuve la oportunidad de conocer a una cuadrilla de peteuves y de participar en un par de juergas con ellos. Se hacían llamar los mutilzarras.

Para los no vascoparlantes, la traducción literal sería “los mozos viejos”, aunque no sería descabellado avanzar en el concepto para concluir que en el fondo son “los solterones”.

Fueron buenas farras entre fervientes amantes de esta Navarra nuestra, de su folclore y de sus tradiciones, lo mismo de la jota que del irrintzi, y en las que el humor socarrón, las canciones que ya no cantamos, y la camaradería eran rasgos definitorios.

Mi amigo se fue a vivir fuera de Pamplona, así que perdí el contacto. El gran lunar que les encontré era una práctica más propia de militares y tunos, y más propia de otros tiempos. Me refiero a las novatadas que había que superar para adquirir la condición de mutilzarra.

Inquietos, en el 92 decidieron dar un  paso adelante y convertirse en peña sanferminera, empujados ni más ni menos que por un descendiente de Premín de Iruña. Se dotaron de estatutos y sede, e iniciaron un camino en el que consiguieron el reconocimiento del Ayuntamiento y de la Meca, pero no el del resto de peñas. Recuerdo que sentó francamente mal la irrupción de esta peña. Hubo revuelo, y hasta recuerdo que algún “valiente” se vio obligado a usar la violencia para tratar de que los mozoviejos depusieran su actitud y abandonaran su empeño. Verdaderamente desconozco los motivos del rechazo. No sé si se trataba de preservar un coto cerrado, o si hay motivos políticos de por medio (lo cual sería curioso, dado que el sustrato ideológico de los fundadores de la Mutilzarra no difiere mucho del de los fundadores de la peña de los alegres muchachos). Francamente no lo sé. Igual algún lector conoce más detalles.

El caso es que, inasequibles al desaliento, y sin temer al ridículo, se estrenaron sin charanga, tocando chuflainas. Hoy, siguen tratando de abrirse paso, a pesar de que lo de tener abonos para los toros está muy crudo. Pero por ejemplo comparten protagonismo con la asociación de jubilados Yoar -de la que algún día tendremos que hablar- en la recuperación popular del Riau-Riau.

Como estamos escribiendo la historia, la Mutilzarra parece una peña advenediza en un club de sociedades históricas. Sin embargo, los que escriban sobre esto dentro de mil años simplemente dirán que las peñas tuvieron su origen en el siglo XX.

P.D.: la labor de documentación para este artículo ha sido mínima. Pido disculpas por adelantado si contiene alguna incorrección, que será fruto de la mala memoria o de las malas compañías.

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