6 de Julio: “A las 16.30, el Ayuntamiento de la ciudad, acompañado por la comitiva de maceros, clarineros y timbaleros, banda de música "La Pamplonesa" y Comparsa de Gigantes y Cabezudos, se dirigirá en corporación desde la Casa Consistorial, por las calles San Saturnino y Mayor, para asistir a las Vísperas en la Capilla de San Fermín (iglesia de San Lorenzo)".
Desde comienzos de los 90, con excepción de 1996, no se ha podido volver a leer este texto en el programa de fiestas de San Fermín. Pero el Riau Riau (que es a lo que se refiere, aunque sin citarlo), ya había dejado de celebrarse realmente muchos años antes.
El Riau Riau, acto que nunca llego a aparecer oficialmente en el programa de fiestas como tal, era el acompañamiento festivo que los ciudadanos de Pamplona hacían a la corporación municipal, bailando y cantando, cuando acudían desde el Ayuntamiento hasta San Lorenzo, por la Calle Mayor, a rezar las solemnes vísperas al Santo, junto con los Gigantes y la Pamplonesa, que tocaba incesablemente una y otra vez el Vals de Astrain, el cual era coreado por la mocina con la letra llamada Alegría de San Fermín.
Vals de Astrain
Los miles de jóvenes que actualmente llenan la plaza del Ayuntamiento en el Chupinazo y los tendidos de sol en las corridas, que cantan esta letra en dichos lugares y otros muchos, en su gran mayoría, no han conocido este acto. No saben lo que suponía la emoción del primer "chunda", con la plaza en semisilencio tras el toque de los timbaleros, y cómo saltábamos todos y comenzaba, como si se apretara un resorte, el Riau Riau. El avance lento, pero no parado ni eterno, alegre, cansado, sudoroso, apretado, refrescado por buenos tragos de bota y las paradicas de rigor de rigor en el García y otros bares cercanos, para luego volver a la vorágine; en los últimos años también por los cubos de agua de los balcones. Todo esto no lo han conocido muchos mozos de nuestra vieja Iruña, y costaría mucho que ahora lo sintieran como realmente era, como los que lo vivimos desde críos viendo a nuestros padres o en sus hombros y, posteriormente, participando en él. Posiblemente mi generación sea de las últimas que lo conoció así; y para mí ese primer "chunda" era uno de los momentos más emocionantes de las fiestas.
Cada año que se tarda en volver a celebrarlo en condiciones, es un año que se pierde sin retorno, una generación más que no lo sentirá, entendrá ni disfrutará.
BREVE HISTORIA DEL RIAU-RIAU
El iniciador de la costumbre que está dando tantos quebraderos de cabeza al Ayuntamiento de acompañar los mozos a la Corporación, que con maceros y timbales, banda de música, gigantes y cabezudos marchan el día 6 de julio por la tarde al rezo de las Vísperas de San Fermín en la Parroquia de San Lorenzo, entonando el "Riau-Riau", fue D. Ignacio Baleztena, conocido por el seudónimo “Premín de Iruña”.
Un buen día, allá por los años 1919, a Ignacio, le salió desde lo más profundo de su interior gritar riau-riau al terminar los compases del Vals de Astrain interpretado por la Pamplonesa como exaltación festiva y alegre, actuación que no fue bien vista por el Ayuntamiento, que en un principio lo prohibió por considerarlo poco serio, incluso imponiendo multas a quien lo gritara, pero sí por el mocerío, tan alegre como el de ahora aunque quizá más dispuesto a olvidar los problemas de todo el año y dedicarse a disfrutar a lo grande, sin más pretensiones. Y no se crea que por aquel entonces no existían inquietudes políticas: por un lado estaban los liberales, por el otro los carlistas, después vinieron los nacionalistas, los republicanos y los demás, y sin embargo nadie se propuso como objetivo acabar con el Riau Riau, ni evitar que la corporación saliera a la calle en los diversos actos de la ciudad, estuvieran o no de acuerdo con la misma.
También, como era habitual en Premín de Iruña, le dedicó estas coplas:
COPLAS DEL RIAU-RIAU
Qué majos y qué elegantes
marchan nuestros concejales
precedidos de gigantes
gaitas, chistus y timbales.
Os recomiendo de veras
que tengais mucho cuidau
de que no os multe Lasheras
por gritar fuerte Riau-riau.
Esos tubos relucientes
y esos fraques tan planchaus
al verlos dicen las gentes
¡Rediez lo que habrán costau!
Ni en París ni en los Madriles
ni en San Luis de Potosí
se encuentran unos ediles
más majos que los de aquí.
Está fue la primera letra del Riau Riau, en la que se demuestra que pese a ser una corporación opuesta ideológicamente al iniciador del acto (el era carlista y el ayuntamiento liberal), en su ánimo y en el de los mozos de entonces, no se encontraba ningún enfrentamiento con los munícipes en dicho acto.
el Riau Riau tuvo varias prohibiciones, por ejemplo, aún en 1927 el alcalde Demetrio Martínez de Azagra intentó acabar con él por ser una "manifestación de incultura" y un "acto inconveniente". Fue en vano. Todos los intentos prohibicionistas tuvieron poco resultado, y al final, como era de esperar en una fiesta de caracter popular como los Sanfermines, acabó imponiéndose el sentido común, es decir, la alegría de los mozos a la seriedad del protocolo, y el mismo alcalde lo hizo “extraoficialmente oficial” gritando a la salida del Ayuntamiento “Riau Riau”.
Entre 1932 y 1936, con la laicización traída por la república, el Ayuntamiento ya no acudía a vísperas y por tanto no había Riau Riau.
Así los mozos iban enlenteciendo más y más la marcha a Vísperas, para alargar aquel acto festivo y alegre, teniendo más horas de diversión el 6 por la tarde. También se aprovechaba el baile para desquitarse de la policía armada durante el franquismo, y de los municipales después, propinándoles entre baile y baile alguna patada, y llegando en el caso de los últimos a robarles las gorras, cuando el Riau Riau probablemente ya estaba herido de muerte.
Desde 1965, la duración del acto se disparó. De hecho toda la gracia del juego consistía en hacerlo cada vez más largo para divertirse más rato y poner a prueba la paciencia de la Corporación y la banda de música. En 1972 se suspendió por primera vez, ya que a los 45 minutos los ediles solo habían avanzado unos metros. En esta obsesión por batir records de duración En 1980 la corporación tardó 5 horas y 25 minutos en recorrer un trayecto de unos 500 metros. Ahora ya se había unido a este intento de alargamiento por diversión, otro motivo político de enfrentamiento con las distintas corporaciones, que si bien al princpio era más irónico acabó desembocando en un bochornoso espectáculo de insultos, golpes y broncas. Desde entonces se suspendió prácticamente todos los años y definitivamente en 1990. Entonces ya no solo se impedía el avance, sino que se evitaba incluso que los corporativos salieran del Zaguan del Ayuntamiento, llegando los vándalos a asaltar dicho edificio. El Riau Riau había muerto.
En 1996 el alcalde Javier Chourraut volvió a convocar el acto, repitiéndose el lamentable espectáculo y suspendiéndose de nuevo, hasta nuestros días.
Ante la falta de Riau Riau oficial la Peña Mutilzarra desde 1997 organiza otro extraoficial, sin más pretensión que llenar este hueco hasta que se pueda volver a celebrar “el de verdad”, siendo este muy animado y participativo, con gran afluencia de gente.
En el 2002 las Asociaciones de Jubilados de Pamplona celebraron también uno y la Mutilzarra decidió unir el suyo a éste último, y aunque faltó algo de coordinación horaria la experiencia fue un éxito. En el 2003 de nuevo se va a hacer un Riau Riau conjunto entre los jubilados y dicha peña pero la intención es que esta celebración sea solo un puente hasta llegar a la posibilidad de que de nuevo a las 16;30 El Ayuntamiento de la ciudad, acompañado por la comitiva de maceros, clarineros y timbaleros, banda de música "La Pamplonesa" y Comparsa de Gigantes y Cabezudos, se dirija en corporación desde la Casa Consistorial, por las calles San Saturnino y Mayor para asistir a las Vísperas en la Capilla de San Fermín (iglesia de San Lorenzo) y, por supuesto acompañados por los alegres mozos de Pamplona, bailando y cantando el Vals de Astráin.